Deportes Tolima presente en la campaña del 2025 en la Liga BetPlay - crédito @cdtolima/X
A la luz de los números, la campaña del Deportes Tolima en la Liga BetPlay no merecería tacha alguna: acumuló 96 puntos, siendo el mejor equipo en la reclasificación y, en su historia, el que mejor producción hizo; estuvo en los dos semestres en los cuadrangulares y, en uno de ellos, pudo avanzar a la gran final. También se consolidó como el de mejor promedio en las últimas tres temporadas, lejos de los fantasmas del descenso.
Sin embargo, el balance en realidad es otro: ya son cuatro frustraciones consecutivas en la máxima instancia del balompié rentado, con la sensación de que cada revés es peor que el anterior. El sistema del campeonato, que no premia al más regular, sino al más sagaz, otra vez le jugó en contra y, en síntesis, las promesas de alcanzar la cuarta estrella se quedaron en palabras y no en hechos, pues por alguna razón u otra la gloria se fue.
Los espejismos creados desde la estadística, que incluso los propios medios de comunicación hemos alimentado, tapan el reflejo de un proyecto deportivo en deuda. Las constantes caídas en instancias definitivas de la escena nacional, sumado a fracasos en competiciones como la Copa Libertadores y Sudamericana, además de la Copa BetPlay, sin duda han alimentado un ambiente de inconformidad importante en la ‘tribu’.
La fórmula para el éxito consagratorio se extravió en el predio de San Gabriel, pues desde aquel 20 de junio de 2021, cuando bordó su tercera estrella en el escudo, las posibilidades —latentes, palpables y en cierto punto realizables— se han esfumado. Pero concentrados en el resumen anual, es complejo argumentar cómo un elenco que tuvo varias rachas a su favor, hoy carga con un lastre de derrota que entristece a los más fieles.

El 2025 del Deportes Tolima que dejó más dudas que certezas
Si el objetivo de la dirigencia es solo clasificarse a los cuadrangulares semifinales y acceder a un torneo internacional, pues la meta durante el año que culmina se llevó a cabo en un 100%: los ‘Pijaos’ compitieron en las dos instancias definitivas del rentado nacional y, vía reclasificación, obtuvieron su clasificación a la Libertadores del 2026. Pero para un club acostumbrado a ello, el listón por alcanzar era otro.
Sí: el segundo elenco con más presencias en estas fases no desentonó y sumó dos tiquetes más en su ya vasto historial, en las que ha estado en 34 de los 47 certámenes semestrales. Pero en la primera parte del año su participación en la semifinal fue decepcionante y de la mano del entrenador Ismael Rescalvo vio cómo Independiente Medellín, sin mayores angustias, se llevó de forma cómoda el cupo a la finalísima.

Aunque la historia parecía ser distinta en la segunda parte, pues con la llegada del bogotano Lucas González se avanzó a la definición del título, precedido de grandes hitos, como los primeros cuadrangulares en los que el equipo marchó invicto e hizo la mayor cantidad de unidades, a la postre el desenlace fue penoso. Nunca antes la divisa de la ‘Tierra Firme’ se vio tan mermada en un choque de esta naturaleza, como con Junior.
Y es, quizá, esa última imagen, la que quedó en la mente de los fanáticos que, con todo en contra, respondió en masa en las tribunas y se entregó con dignidad, sin moverse de sus lugares. Aun con un 3-0 en contra, la ilusión de que cayera del ‘cielo’ un milagro no faltó, aunque la respuesta en el campo de juego fuera paupérrima, convirtiéndose en un hazmerreír del país futbolero lo presenciado en el ‘Coloso de la 37’.
“Uno tiene el tamaño de los rivales que elige”, es una frase que podría resumir, de manera fiel, la situación actual del club: que desde su dirigencia ha pregonado el discurso de ir tras la grandeza, pero no ha tomado decisiones consecuentes con este postulado, al menos en la gestión de la nómina, ni ha cosechado los triunfos que se requieren para dar ese salto de calidad que tanto espera el FPC, para frustración de sus dolentes.
Es momento de ‘purgar’ la nómina de los que ya cumplieron su ciclo en Deportes Tolima
En los aprendizajes que quedaron tras un año convulso, existe uno irrefutable: hay elementos de la actual plantilla que ya cumplieron su ciclo en la institución y merecen nuevos aires, por su bienestar personal y profesional, y por el futuro del proyecto deportivo que no puede estancarse en individualismos. Así, el mecenas se resista a desprenderse de algunos elementos y aguarda a que se apacigüe la ‘marea’ para salir a los medios.
Solo por citar algunos nombres, harían parte de esa tentativa lista jugadores como el lateral izquierdo Junior Hernández, y los volantes Cristian Trujillo y Juan Pablo Nieto, que tras casi siete años en suelo ibaguereño necesitan un recambio para continuar. En especial este último, que volvió a desaparecer en los partidos de trascendencia y se ha vuelto tristemente célebre por sus fuertes cruces con algunos aficionados.
Y mientras eso no suceda, todo lo que adelante César Camargo Serrano, que desde que asumió el mando del club solo ha hilvanado duros reveses, será objeto de cuestionamientos. El unanimismo que hubo en torno a su hombre tras la partida del exsenador Gabriel Camargo Salamanca se acabó; pues a lo hecho en la liga, que en síntesis se quedó corto, se suman otros fracasos que no se olvidan con simples eufemismos.

El colectivo, que tenía como ilusión prolongar su estancia en la ‘gloria eterna’ en el 2025, se despidió apenas en sus dos primeros partidos, ante un contrincante que en la víspera llegaba con menor valía, por sus antecedentes, pero que demostró estar mejor preparado: FBC Melgar de Perú. En la Copa BetPlay, por su parte, la historia no fue distinta, pues se vio superado por el modesto Real Cundinamarca, de la B.
Para el ‘Vinotinto’, el torneo que reúne a los elencos de la A y de la B es un relajo: ya son tres eliminaciones al hilo en instancias preliminares, incluso con entrenadores que han renunciado a pelearlo sin explicación alguna. Como esa misma competición no le hubiera dado una de las más grandes alegrías como divisa profesional, aquel 12 de noviembre de 2014 en Bogotá, cuando se gritó campeón tras 11 años de espera…
Es cierto, no todo es negativo, pues en medio de una campaña llena de lunares, de penas sin digerir, hay aspectos que surgen como manantial en medio del desierto. Uno de ellos, del que haremos mención, es el número de integrantes de la cantera que hicieron su debut profesional: Cristian Guzmán, Víctor Reyes, Michael Martínez, Yímar Parra y Yoimar Moreno; además de otros que estuvieron convocados, como Sebastián Pérez.
Cabe aclarar, eso sí, que de ellos el que logró ganarse un lugar habitual en el equipo fue Moreno, en un balance que para algunos podría ser insuficiente para el esfuerzo y los recursos que se invierten en las fuerzas básicas, pero que podría ser el camino a largo plazo. Mientras esto sucede, las urgencias sin duda obligan a consolidar un grupo de jugadores de mayor recorrido y compromiso, que rompa con el maleficio en 2026.
¿Y ahora qué viene para Deportes Tolima?
En dos semanas, aproximadamente, se empezará a abrir un nuevo camino para los ‘musicales’, en su afán de, esta vez sí, vivir de realidades y no promesas. Y que los fríos números no se conviertan en cortinas de humo para los verdaderos objetivos del club, que contará con una no despreciable presencia fija de fanáticos en las tribunas del Manuel Murillo Toro, así el silencio hoy sea la regla para desviar la atención.
El calendario, que empezará con Junior, su reciente verdugo, se irá complementando mientras llega el momento de la verdad: el de afrontar la escena internacional, con la firme convicción de que solo servirá el triunfo para volver a unir a los hinchas e ir por nuevas ilusiones, como la de inscribirse como uno de los mejores 32 elencos de Sudamérica e ir cosechando los frutos de lo que se aguarda sea su rigurosa planeación.
