Crónica de una gesta inolvidable







Por: Mario Alejandro Rodríguez

 Cómo explicar lo que aconteció en esa noche sin caer en la exageración de mi relato. Cómo describir lo que sentí en esos instantes finales, cuando la esperanza se fugaba de mi cuerpo, sin ser señalado como un loco. Son algunas de las preguntas que me hecho en este último año, en el que he recordado con la más profunda satisfacción apartes de lo que fue una de las gestas más grandes del Deportes Tolima. Esa de la que me siento partícipe, así como lo fueron los cerca de dos mil corazones que latieron a un sólo ritmo en tierras lejanas. 

Hoy he querido compartir con ustedes lo que presencié en una jornada que puso a prueba mi fe como hincha hasta el último instante. Intentaré en este escrito plasmar las emociones que consumieron en la locura ese día, el 12 de diciembre del 2010. Ese inolvidable domingo que fue bautizado por los 'Pijaos' como el 'campinazo'. 

 El éxtasis había llegado después de tantos sacrificios. Eran las 7:45 de la noche cuando el frío, ausente en la tarde, comenzaba a apoderarse de la densa atmósfera bogotana. Las tribunas del Campín permanecían aún colmadas por los 23 mil aficionados 'cardenales', que impasibles contenían su amargura ante lo que parecía increíble frente a sus ojos. 

Al mismo tiempo, en uno de los costados del 'coloso de la 57', otros cientos de hinchas corrían para tomar su lugar entre los cuatro autobuses que los traerían de regreso a sus hogares. Huían, como cazadores con su presa, del 'bosque' de cemento, metal y césped en el que vieron a su equipo dejar el alma, y no querían ser víctimas de la furia y decepción de sus rivales. Eran los aficionados del Deportes Tolima, a quienes les fue imposible no sonreír ante la hazaña. Ninguno de los que estaban listos para salir de la gran urbe, asimilaban aún lo que vivieron minutos antes, en una noche que confluyó para ser más que mágica. 

La impaciencia era evidente en los más 200 hinchas que se dieron cita en la 21 con Quinta, el principal punto de encuentro en Ibagué cuando se trata de acompañar al 'Vinotinto' fuera de casa. Eran más de las 10:00 de la mañana, y se aproximaba la partida hacia la capital, pero la falta de transporte puso a sufrir más de lo debido a aquellos que a última hora quisieron hacerse con uno de los cupos dispuestos por los organizadores. Sin embargo, después de 120 minutos de angustiosa espera, se emprendió camino hacia lo que sería una tarde memorable, que jamás se borrará de la memoria del seguidor tolimense.

Poco importó que en los automotores no fueran suficientes los lugares para todos los hinchas que iban en ellos. El ir de pies y sentados en el pasillo durante más de cuatro horas, mientras los demás descansaban plácidamente en sus sillas, fue una alternativa válida para llegar al único destino propuesto. Aunque para ello, fue necesario tener paciencia y esperar, a sólo minutos del pitazo inicial, que las boletas fueran traídas desde el mismo estadio hasta el peaje de Chusacá, lugar en el que la Policía obligó a los hinchas detener su avance.  

Con la convicción que siempre los caracterizó, y pese a los resultados adversos obtenidos por Hernán Torres y sus dirigidos como local en los cuadrangulares, frente Santa Fe y Equidad (2-2 y 1-1, respectivamente), y la posterior derrota frente a los 'aseguradores', también en la capital (1-0), la afición se la jugó por el equipo en su última chance de disputar la estrella de fin de año. Tenían como precedente, los dos triunfos en el clásico regional ante el Atlético Huila, ambos sufridos; en Neiva por 3-2, cuando estuvo dos veces abajo en el marcador y en Ibagué por 4-3, con un adversario que supo complicarle la tarde en el Murillo Toro.

A las 5:30 p.m., cerca a la carrera 30, se escuchó a lo lejos la algarabía que indicó el inicio del juego. Los seguidores, desesperados por saber las primeras incidencias del compromiso encendieron sus radios, mientras que otros sintonizaron la señal abierta en sus celulares. Por fortuna, las incursiones el dueño de casa no surtían efecto y un ordenado visitante conservaba el cero en su portería. Habían transcurrido 25 minutos desde que el árbitro Adrián Vélez había dado el inicio. Sólo fue en ese momento, cuando los hinchas que venían presurosos por ingresar al Campín pudieron hacerlo, por la única puerta que les fue habilitada y ante la actitud represiva de la fuerza policial. El apoyo, ahora sí, era completo para la divisa que saltó al terreno de juego con camiseta blanca, resaltada con matices color vinotinto en sus costados.

Santa Fe, sólo necesitaba un empate para consagrarse en la gran final del certamen. Su estratega, Néstor Otero, lo sabía bastante bien, pero por más que su escuadra fue al ataque para no llevarse sorpresas ante un aguerrido rival, no consiguió romper el fuerte esquema defensivo del cuadro de la 'Tierra Firme'. El golero paraguayo al servicio del onceno foráneo, Antony Silva se erigió como la gran figura de la primera parte, al ser el verdugo de los 'rojos' Cristian Nazarit y el venezolano Luis Manuel Seijas. 

El mismo Seijas, con lágrimas en sus ojos, abandonó el césped tras un fuerte choque con Yesid Martínez, zaguero visitante, quien fue inexpugnable junto con Yair Arrechea. Esa baja en el plantel santafereño, influyó notablemente en la expresión futbolística que llevó a cabo el anfitrión en el resto del partido. 

En la segunda mitad, el mismo comportamiento aplicado caracterizó el trabajo desempeñado por el elenco 'Pijao'. No obstante, el reloj castigaba cualquier opción dilapidada en el marco custodiado por Agustín Julio, otrora ídolo tolimense, pero que prefirió cambiarse nuevamente al club que lo vio nacer como profesional. Sólo fue la inclusión del mediocampista cartagenero Christian Marrugo, por el argentino Hugo Pablo Centurión, la que cambió la visión de juego del Tolima. El estelar Rodrigo Marangoni tuvo un socio ideal en el campo, que le ayudó a generar múltiples opciones de gol. Sin embargo, éstas fueron desperdiciadas por Jorge Perlaza, delantero caucano que no estuvo en su tarde-noche. 

Los remates de media distancia aparecieron paulatinamente ante Julio, quien comenzó a sentirse intimidado por los atacantes que vinieron a sus predios. Gustavo Bolívar, al minuto 51, le dio un aviso al portero 'albirrojo' del poderío visitante en esta vía. Por su parte Silva, también hacía lo suyo en el arco sur, frente a los volantes Mario González y Alejandro Bernal, que estuvieron a escasos centímetros de cambiar radicalmente la historia de esta semifinal. 

La ilusión se diluía entre los minutos que corrían. Los seguidores locales comenzaron a celebrar lo que a todas luces parecía una clasificación segura a la final de la Liga, y el desasosiego se adueñó del bando contrario. Pero gracias a la ayuda divina pronto llegó el minuto 88. El cronómetro, ubicado en la tribuna norte del máximo escenario de los capitalinos, hasta ese entonces sentenciaba la suerte del 'Vinotinto y Oro', que fracasaba en su intento de darle una alegría a su parcial. Marangoni, quien era acosado por el marcaje 'rojo', descargó el esférico en el capitán y lateral Gerardo Vallejo. El experimentado zaguero, no tuvo otra fórmula que llevárselo hasta su banda derecha. Pero en un momento de fluidez mental y antes de perder la posesión del útil, supo entregárselo de forma milimétrica a Wílder Medina, quien con la presencia de dos contrincantes sobre su zona, hizo lo menos pensado. Por un sólo segundo, el tiempo pareció detenerse en el gramado. Con su pierna menos hábil, Medina sacó un violento remate que sin obstáculos se incrustó en el ángulo superior derecho del marco de Julio. 

El resto, fue la más ferviente celebración de un tanto que conmocionó en un sólo parpadeo a todo un pueblo. Un grito de gol salió desde lo más profundo del sector nororiental. Las lágrimas, instantáneamente brotaron en los hinchas, que habían soñado con este momento desde la partida. Los abrazos se fundieron un mismo sentimiento, que estuvo reprimido hasta el último suspiro del encuentro. 

El silbato de Vélez, fue la señal que habían aguardado para con su voz silenciar un estadio completo. ¡Se acabó el sufrimiento, nos vamos a la final!, exclamó con furia uno de los seguidores, que rápidamente se mezcló entre la multitud enloquecida. El grupo de jugadores en pleno, junto al cuerpo técnico, corrieron hacia donde estaban sus fieles seguidores. Agradecieron con emoción el aliento incondicional que durante los 90 minutos les brindaron incansablemente y ofrecieron el anhelado tiquete a la disputa del título, y de paso, la consecución del cupo a la Copa Libertadores por ser el mejor equipo del 2010.

A partir de entonces, El Campín entero y el país futbolero, escuchó al unísono la voz de los tolimenses presentes. "Y ya lo ves, y ya lo ves, es el equipo de Ibagué"... retumbó enseguida, en una muestra de eterno agradecimiento, mientras la resignación y la serenidad buscaba un lugar en las huestes 'rojas'. El llanto de un goleador desconsolado, que arrodillado en el campo no se percataba todavía de su obra maestra, también tuvo su recompensa. Ese fue el cotejo que lo consagró como el 'goleador del pueblo' e ídolo del Deportes Tolima. 

Esa fue la gesta que luego de 365 días perdura, intacta como aquella noche de navidad, en que fue permitido soñar más allá de las dificultades y en la que el tiempo no fue barrera para alcanzar la gloria.





Únete a nuestro canal de Whatsapp y mantén enterado de todas las noticias del Deportes Tolima. ¡Clic AQUÍ!







2 Comentarios

  1. IVAN DARIO SOY HINCHA DE TOLIMA VAMOS TOLIMA A LA COPA SUDAMERICANA Y FELIZ NAVIDAD A LOS JUGADORES DE TOLIMA ES MARRUGO VALLEJO WILDER MEDINA Y GUSTAVO BOLIVAR NO VENDAD JUGADORES DE TOLIMA EN SEMESTRE 2012 POR FABOR CAMARGO

    ResponderBorrar
  2. En verdad leer este relato lo único que puede producir en mi es una sonrisa de oreja a oreja. Los que estuvimos ese memorable 12 de diciembre nunca olvidaremos la alegría y lo maravilloso de ese día. A pesar de haber perdido la final, para mi fue suficiente el podido haber vivido esa proeza en carne propia. Ojala estos momentos se repitan mas a menudo.

    ResponderBorrar
Publicar un comentario
Artículo Anterior Artículo Siguiente